Todos salvados
Todos salvados

Todos salvados

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles ( 15, 7-21 )

Lectura del Evangelio de San Juan ( 15, 9-11 )

  “Nos salvamos todos por la gracia del Señor Jesús “.  Nos salvamos todos.

¡Que difícil es, y también duro, liberarse de la salvación ofrecida por los hombres.

Nada que ver con la de Dios.

   Sólo se consigue cuando eres capaz de arriesgar, y te pones en actitud de enfrentarte al miedo, para vencerlo.  

El amor de Dios no es compatible con el miedo.

No puede actuar ante esa defensa que es el miedo. No puede actuar pero si que te acompaña y merodea sin cesar. Se hace presente y persistente, no ceja en su empeño.

Él, sabe que ese miedo ha sido provocado, no es natural a ti. Él, también sabe que ese miedo es sincero, porque en el fondo quieres ser suyo, quieres pertenecerle. Él, que conoce nuestro corazón, no desiste en su empeño. No desiste porque es fiel asimismo, a su alianza con el género humano. A la voluntad de Padre. Que todos seamos uno, como Él, con el Padre es uno.

   Sin violentarnos, a través del Espíritu, nos corteja. Nos conoce. Nos trata a cada uno como somos. Nos manda señales, nos envía avisos.

No se oculta, se deja ver. Y así, llegado el momento, cuando sabe que no nos espanta, porque ya no nos es extraño, me dice , nos dice, no temas, no temáis, soy YO.

   En ese momento, el riesgo se hace virtud. Nace la fe en Él. Desaparece el miedo y nace la esperanza.

La esperanza, que pasa a ocupar el lugar del miedo, y consolida mi seguridad en Él. Y en nadie más que en Él.

   Me sedujiste Señor y me dejé seducir.  Ahora ya no me siento conquistado, me siento fascinado.

Tus merodeos, tu cortejo dejo de serlo, para pasar a ser cómplices. Para querer vivir en intimidad. Haciendo de esta forma que nazca el deseo de ser poseídos por ti.

    Para todo esto te vales, poniendo en nuestro camino, a muchos Pedros, Pablos, Bernabés, Santiagos…, si, a muchos con sus nombres y apellidos.

    A muchos, claro que sí, que no nos ofrecen su propia salvación anunciándose, asimismo.

Si no, a todos aquellos que quieren compartir con nosotros “tu” salvación, desde su experiencia de sentirse y saberse salvados, por ti y en ti.

Que bien encarna, a mi modo de ver, el Papa Francisco, el primado de Pedro. Es la palabra del evangelio la que sale de la boca de Francisco. “¿quién soy yo para juzgar a nadie”?

    El Evangelio es palabra de vida y de esperanza. Es en si mismo, salvación.

Es Pedro, quien, en uso de su autoridad, dada por Jesús; nos dice que el Espíritu Santo es dado por igual a todos.

La pregunta está en por qué persistimos en castrar la fecundidad del Espíritu, ligando la conciencia de los hombres.

    La conciencia se mutila con todo lo que no es Evangelio.

     Orar en comunidad para discernir desde un mismo sentir, asistidos por el mismo Espíritu Santo.

    No molestar, no atacar, no herir, no prohibir…no, no, no…

No responder con la moneda y el espíritu del mundo.  Responder con la moneda de Dios.

Responder con el Espíritu Santo desde sus frutos…Amor, Amor, Amor. Es y engendra vida.

    Evangelio, salvación para todos.

    Vivir alegres, compartir alegría, es morir a los ídolos y vivir resucitados a Dios.

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