Repascua – postpascua
Repascua – postpascua

Repascua – postpascua

Repascua – postpascua

No es un tiempo litúrgico, ni para los doctos es una expresión correcta.

El mes de Junio nos deja estas mieles de que no todo termine de forma brusca ni en seco.

Con el día de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo, se culmina el tiempo Pascual. Pues no así la Pascua.

La Pascua la vivimos cada vez que celebramos la Eucaristía. Participando del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Cada domingo del año, además la celebramos dándole aire y gala de fiesta.

 Pascua plenitud de Amor, Pentecostés- Espíritu Santo. Acción transformadora y permanente de Dios en cada persona humana. Ya vivimos en un presente Pentecostés.

Todos los grandes acontecimientos tienen “ese” día después. Ese día después que disfrutamos reposadamente. Si, ya con los más íntimos, más en familia…

Ese día después de repascua – postpascua es, la Santísima Trinidad, Corpus Cristi, Sagrado Corazón de Jesús. Si Pascua es plenitud de amor, estas tres solemnidades nos lo quieren desmenuzar para mejor digerir. Además nos dicen como lo hemos de vivir y compartir. Pues un amor no compartido, será cualquier cosa menos amor. No podemos confundir los sucedáneos con lo “Auténtico”.

Santísima Trinidad, comunidad de amor. El amor siempre es proyectado, en cualquiera de las formas de vida que cada uno vive. No se queda en uno mismo. Aún en la vida contemplativa vivida en grupo o en soledad, el amor es extensivo. No es lo mismo la soledad creativa que uno elige libremente en la que te sientes parte de la gran familia humana, de tu propia familia de sangre, de la familia espiritual llamada Iglesia…; que vivir aislado, independiente en el sentido estricto de la palabra, no autónomo.

“¡ Ay del solo!” El solo es el aislado en si mismo sin proyección. Su única proyección es él mismo. Él es el ombligo del mundo. ¡Que equivocado quien vive así!  El ser humano para su desarrollo como persona es un ser en relación.

Así nos lo deja patente la imagen de la Santísima Trinidad. Ese Dios Trinidad no se queda en si mismo, no, necesita salir de Sí. ¿ Cómo? Creando al Hombre-Mujer, dándole la categoría de Persona. Crea al Ser Humano, a su imagen y semejanza. Nuestro A.D.N es divino. Sí, divino. Por eso decimos que toda “persona es sagrada”. ¡Que pocas veces somos conscientes y consecuentes con nuestro origen, de nuestra dignidad!

Si fuera consciente de mi A.D.N. de persona que vida tan distinta viviría para mí y para con los hermanos-as. Pues es lo que somos, iguales, del mismo origen, con la misma divinidad. Una misma famila. El amor es expansivo. Si no, no es amor. Eso que podríamos confundir como sucedáneo se llama: “ Ego- Ismo”.

El Amor envuelve. Eso es lo que le pasa al Amor de Dios, es envolvente. Para ello, sólo me queda dejarme ser barro en manos del Alfarero. Así seremos piezas únicas y complementarias que podrán conformar el “cielo en la tierra”. Seremos, lo que no son los ángeles, “ Imagen de Dios”. Sí, además de imagen, seriamos reflejo, proyección del mismo Dios.

Corpus Cristi. El cuerpo de Cristo que se hace realidad y se nos entrega como alimento el Jueves Santo. Lo adoramos en público, paseándolo por las calles y haciéndolo bandera del alimento único que nos nutre y permite vivir esa vida y misterio de Trinidad que se llama Amor. Asequible a todos en el pan, y en la carne de nuestro prójimo. Asequible para comerlo y proyectarlo.

Una Eucaristía sin proyección en el prójimo, que es la “carne de cristo” (papa Francisco) seria como “echar margaritas a los cerdos”(palabra de Jesús en el Evangelio). La comparación de Eucaristía sin proyección… es mía.

En la consagración del pan y el vino, Jesús nos dice, “haced esto en memoria mía”. En el Evangelio, Jesús nos dice, lo que hiciereis con “uno de estos más pequeños, conmigo lo hacéis”. Es decir, lo que no hacéis con “uno de estos”, no lo hacéis conmigo.

¿Para que se queda Jesús en la Eucaristía como Alimento? ¿Para “cebar” mi “ego”? Las personas nos alimentamos para poder vivir en lo que esto significa. Cebar, sin embargo, se ceba a los animales para más producción de carne. No a todos los animales, pues a los de compañía, no se ceban, se alimentan, para que tengan mejor calidad de vida.

  “ Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida” 

“ Quien come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.”

Comer a Cristo en la eucaristía me lleva a tomar conciencia de que no me pertenezco a mi mismo sino que me tengo que compartir. Cristo se queda en la eucaristía para la Iglesia. Soy Iglesia si me siento y formo comunidad. Formar comunidad es hacer mías las carencias de los demás. También beneficiarme de sus “dones”.

  Mi responsabilidad en la comunidad es desde mis capacidades y talentos. Un talento lo tenemos todos. Irá variando, normal. Nada hay estable, sólo el Amor de Dios.

  Cuando Cristo se hace Eucaristía es porque antes nos ha dado un programa de vida, las bienaventuranzas. Y un mandato, “Amaos como yo os he Amado”.

  ¿Quien puede emprender y andar el camino, débil y desnutrido?

   La Eucaristía no es pan de ángeles.

 Sagrado Corazón de Jesús.

En esta imagen, Cristo nos muestra su misericordia, los sentimientos mas profundos e íntimos que tiene para con nosotros. No es una imagen baladí, ni sentimentaloide. Me ofrece su ternura. Muchas veces se nos muestra con rasgos aniñados. Débil, desfigurando su naturaleza humana como alguien que nunca mató una mosca. Incluso se desfigura su masculinidad. Muchas veces se proyectan en esta imagen nuestras fantasías de lo que nos gustaría que fuera. Eso, un ser de ensueño.

 Eso no es ternura. Ternura es pureza de amor gratuito. Es bálsamo que cura heridas…

 Es un corazón de acogida. De consuelo. De refugio. De liberación. Es un corazón de carne que sangra con el sufrimiento. No es un corazón de cántaro de río. Duro inaccesible. Un corazón de Dios que no es indiferente a “nadie”…

Tambien es un corazón que sabe gozar y alegrarse. Que quiere formar parte fundiéndose en nuestros corazones, “para las duras y las maduras”.

El colapso del Corazón abierto es el contenido del misterio pascual. El Corazón salva, en efecto, pero salva entregándose. Así, en el Corazón de Jesús, se nos presenta el centro del cristianismo. Expresa todo, todo lo que es genuinamente nuevo y revolucionario en la Nueva Alianza. Este Corazón llama a nuestro corazón. Nos invita a salir del vano intento de autoconservación y uniéndonos a la tarea del amor, entregándonos a él y con él, a descubrir la plenitud del amor que sólo es eternidad y que sólo sostiene al mundo». (El Papa Benedicto XVI (Ratzinger, He aquí el traspasado)

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.

  ¿Mi corazón acoge o selecciona?

    ¡Que lejos estoy aún de ese Corazón de Jesús Dios!

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