Amar la diversidad y en la diversidad
Amar la diversidad y en la diversidad

Amar la diversidad y en la diversidad

No se ama la diversidad. Se ama a la persona diversa y en su diversidad.

Si se pierde de vista y se deja de centrar la atención en la persona diversa, claro que la diversidad puede ser un caos. Siempre el amor y el respeto ha de ser a la persona. Entonces nada nos puede asustar. Nada nos puede poner nerviosos, nada nos puede desestabilizar. Nada es caos.


En el amor y desde el amor todo es armonía. Eso quiere decir que cuando amamos favorecemos la armonía, el equilibrio… Desde el amor, a todo le podemos dar sentido.

Cuando la persona se siente integrada en su personalidad, todo fluye bien. Todo puede tener sentido. Las trabas a que la persona pueda vivir integrada en su personalidad son las que provocan la inestabilidad.
Las claves de Jesús en el Evangelio siempre son integradoras.

Acogida. Invitación. Libertad... Jesús no condena, libera. Su palabra no «espanta», atrae. Es más, atrapa a quien no se condena a sí mismo ni a los demás.

En el «levántate y anda», » «vete y no peques más «, » ven y sígueme», » esta noche quiero hospedarme en tu casa»…


La Palabra y obra de Jesús es sanadora. Creadora.

Toda palabra y obra de Jesús lleva implícita su Gracia. Su poder transformador.  Su palabra no es una voz que suena vacía, no, es la que nos capacita para vivir su mensaje, su propia vida. Lleva implícito el poder transformador del Espíritu.


La Iglesia comunidad de cristianos, cuya cabeza y modelo es Cristo, no puede ser lo contrario a Él.


La » norma» sin conversión, además de no servir de nada, oprime, desequilibra y produce rechazo. Además, crea en la persona agresividad. Esto claro está para los que quieren vivir dentro de Ella.


Una iglesia que no integra ni acoge, no es comunidad. Imprescindible ser comunidad para ser Iglesia.

«Donde dos o más están reunidos en mi nombre, allí estoy yo».


¿Cómo va a estar el Espíritu donde no se hace viva la Palabra?


Una iglesia que no vive en actitud continua de conversión no es la Iglesia del Cenáculo.
A la Iglesia en conversación es a la que viene el Espíritu.
Una Iglesia Comunidad. Una Iglesia Sinodal.
La jerarquía está en el servicio. En la entrega…


¿ Quién lava los pies a sus discípulos? …


Cualquier otro tipo de jerarquía no es iglesia. Entonces sería que como todo lo temporal, puede tener tiempo de caducidad.
Sólo la Palabra – Vida de Cristo es eterna y permanece en el tiempo y en la eternidad.


En cada momento y tiempo de la vida, el Espíritu nos «espolea».
El Evangelio siempre es Nuevo no caduca.
Cuando “el Ser Humano” ha dado la última palabra, en ese momento deja de estar en el Evangelio. «Os adelantarán en el reino, los publicanos y las prostitutas».


Diversidad de género. Diversidad sexual. Diversidad religiosa, cultural, política…


Somos poliedro en el que caben todas las sensibilidades, nada es excluyente.

De hecho, aunque el cuerpo es uno solo, tiene muchos miembros, y todos los miembros, no obstante ser muchos, forman un solo cuerpo. Así sucede con Cristo.

 Todos fuimos bautizados por un solo Espíritu para constituir un solo cuerpo —ya seamos judíos o gentiles, esclavos o libres—, y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu, ahora bien, el cuerpo no consta de un solo miembro, sino de muchos.

Si el pie dijera: «Como no soy mano, no soy del cuerpo», no por eso dejaría de ser parte del cuerpo.  y, si la oreja dijera: «Como no soy ojo, no soy del cuerpo», no por eso dejaría de ser parte del cuerpo.  si todo el cuerpo fuera ojo, ¿qué sería del oído? Si todo el cuerpo fuera oído, ¿qué sería del olfato?  En realidad, Dios colocó cada miembro del cuerpo como mejor le pareció.  Si todos ellos fueran un solo miembro, ¿qué sería del cuerpo?   Lo cierto es que hay muchos miembros, pero el cuerpo es uno solo.

El ojo no puede decirle a la mano: «No te necesito». Ni puede la cabeza decir a los pies: «No os necesito».

  Al contrario, los miembros del cuerpo que parecen más débiles son indispensables,  y a los que nos parecen menos honrosos los tratamos con honra especial. Y se trata con especial modestia a los miembros que nos parecen menos presentables,   mientras que los más presentables no requieren trato especial.

Así Dios ha dispuesto los miembros de nuestro cuerpo, dando mayor honra a los que menos tenían,  a fin de que no haya división en el cuerpo, sino que sus miembros se preocupen por igual unos por otros.

 Si uno de los miembros sufre, los demás comparten su sufrimiento; y, si uno de ellos recibe honor, los demás se alegran con él.

Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es miembro de ese cuerpo.  En la iglesia Dios ha puesto, en primer lugar, apóstoles; en segundo lugar, profetas; en tercer lugar, maestros; luego los que hacen milagros; después los que tienen dones para sanar enfermos, los que ayudan a otros, los que administran y los que hablan en diversas lenguas.

 ¿Son todos apóstoles? ¿Son todos profetas? ¿Son todos maestros? ¿Hacen todos milagros?  ¿Tienen todos dones para sanar enfermos? ¿Hablan todos en lenguas? ¿Acaso interpretan todos? “ ( 1, Co 12,12-30 )

 Del mismo modo que el cuerpo tiene muchos miembros, todos son importantes y todos contribuyen a conformarlo: un único cuerpo. Lo mismo ocurre con las personas en cada uno de los ámbitos en los que estamos: muchas y diferentes; pues sólo así puede nacer la pluralidad y la riqueza reciproca

Todos-as, hemos sido creados a su » Imagen y Semejanza»


Dispongámonos a recobrar la semejanza desde la diversidad y en la diversidad. Así un día podremos ser » perfectos como el Padre Celestial es Perfecto». Es un reto que nos pone Jesús. Ponerse en camino es cosa nuestra. Lo demás depende de Él.

«Quién permanece en el amor, permanece en Dios».

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