A los pobres los tendréis siempre con vosotros
A los pobres los tendréis siempre con vosotros

A los pobres los tendréis siempre con vosotros

A los pobres los tendréis siempre con vosotros

Esta es la respuesta de Jesús a Judas, ante el acto de amor de María Magdalena en la que Ella  quiere verterse sobre el Amado.

Ella quería poner fragancia a sus lágrimas, no bastaba lavar, había que limpiar, el agua sola no arrastra la suciedad.

Además, había que perfumar. Simón el anfitrión no había cumplido con la norma de poner a disposición del invitado el agua para limpiar los pies antes de sentarse a la mesa. El ungüento tampoco arrastra la suciedad. Hubiera bastado con el ácido de aquellas lágrimas de arrepentimiento y de conversión. Pero para ella no era suficiente.

Quiso desprenderse de   lo más preciado que ella creía que era, el ungüento de la conquista, de la atracción… de su útil de trabajo, de su forma de ganarse el pan. Fue el momento en que ella renuncia a su forma y estilo de vida.

En ese momento elige la Vida del Maestro. El desprendimiento y el abandono en la Providencia. Ya no quiere pertenecer a nadie más que a su señor. Ya no quiere conquistar con lo efímero. En ese momento elige ser pobre.

Por qué no decir que María Magdalena es la primera que se hace pobre por el Reino. Se despoja de su riqueza.  En ese momento pone su “yo” al descubierto.

El tesoro oculto que ella lleva dentro “Amor”.

El apóstol no tiene pertenencias, va ligero de equipaje como lo pide el Maestro. Ella es apóstol, la primera a la que se le presenta el Resucitado.

“Ve y dile a mis hermanos lo que has visto”.

Esta es la misión del apóstol, anunciar desde la experiencia, desde la vivencia. Desde la libertad.

El contraste con el “yo” de Judas. Egoísmo, desamor… Judas seguía al Maestro, además tenía su confianza, una oportunidad que no supo descubrir.

Ah, pero Judas no se había encontrado con el Maestro. No lo había experimentado. Esta es la diferencia entre seguir y encontrarte. Dios siempre da una oportunidad, y no desde fuera, sí desde dentro. Judas no había descubierto al Dios del Amor. No confió en la Misericordia del Maestro. De ahí su final.

María Magdalena descubrió al Dios del Amor. Confío en su Misericordia, en su perdón.

El amor busca el amor. “El que busca, encuentra”. Puede ser este un buen test para el examen de nuestras búsquedas. La Magdalena no se busca a sí misma, por eso encuentra lo que busca, el “amor”.

La Magdalena no usa una tohalla para secar los pies de Jesús. Seguro no le faltaban buenos pañuelos para hacerlo. No era una mujer pobre, era de las que ayudaba a Jesús.

No, quiso secárselos con el adorno más preciado que tiene una mujer, su cabello.

Es que para ser “pobre” hay que ser humilde. Jesús conoce la grandeza de Aquella Mujer. Por eso el mejor de los piropos y absoluciones: “A quien mucho ama, mucho se le perdona”.

Esto es lo que cuenta para Dios, fidelidad en el amor.

Hace muchos años, lo tendré siempre presente, en la homilía de la fiesta de la Magdalena, le escuche a un sacerdote ya fallecido, algo que nunca había escuchado ni volví a escuchar, por eso quiero dejarlo reflejado en este momento y en honor a él:

“María Magdalena no era una prostituta cualquiera, amaba a los hombres con los que se acostaba. Vivía lo que hacía con amor.”

Creo que esto también nos puede hacer reflexionar…

En el proyecto de Dios no sobramos nadie. Por eso no vamos a “cebarnos” con la persona de Judas. “Lo que has de hacer, hazlo pronto” le dijo Jesús. Esta es una oportunidad más que le da el Maestro, además en voz alta. Lo que pasa que cuando uno no ve más allá y su objetivo es la búsqueda de su interés personal, se obceca y no atiende señales ni razones.

En la vida los contrastes son necesarios para descubrir algo o autentificar. Jesús se sirve de la actitud de Judas como contraste.

Se dice que Dios escribe derecho en renglones torcidos.

Es necesario olvidar la estructura de nuestra caligrafía piadosa para ser capaces de interpretar, discernir los signos, muchas veces jeroglíficos del Espíritu.

Espiritualidad, muy distinto a la piedad. La espiritualidad nos hace libres, no hay amor sin libertad. La piedad sin espiritualidad nos hace rígidos, nos encasilla. Nos hace inmisericordes con nosotros y con los demás.

¿Es que Dios quiere la pobreza material? ¡Claro que no!

¿Nos está haciendo Jesús una profecía? ¡Tampoco!

Nos está diciendo que mientras la criatura quiera ocupar el centro, el lugar que le corresponde al Creador, siempre va a haber injusticia. Esa es la causa de la pobreza material.

Jesús constata una realidad de antes, de su presente, y del futro que es nuestro presente.

“No podéis servir a Dios y al dinero”.

Mientras el dinero sea el centro de nuestro corazón, no habrá lugar para Dios. ¡Sí, habrá lugar para un dios tapadera! ¡Cuántas veces utilizamos a Dios!

Servir a Dios es una traducción de “amar” a Dios. No hay amor sin servicio, sin disponibilidad, sin entrega oblativa.

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu mente, con todo tu ser”. “Lo que hicierais con uno de estos más pequeños conmigo lo hacéis”. No sólo se refiere a los niños, también a los a los pobres, nos los pone como ejemplo, por ser los indefensos, los sin voz, los dependientes…

“Tuve hambre, me disteis de comer, tuve sed, me disteis de beber, estaba desnudo, me vestisteis…” Ahí estamos todos.

Dios en ningún momento reclama ser adorado ni amado en si mismo, por pura complacencia, ni ser servido como amo. Ni porque necesite ser amado, sino por solidaridad con las personas, imagen suya.

Él no necesita de nuestro amor, Él mismo es el Amor. Nos quiere y necesita como receptores, puentes y transmisores de ese su amor. Dios no nos crea diferentes, a todos nos confiere la misma dignidad haciéndonos iguales como hijos. Quiere que todos formemos parte de su Reino.

Es nuestra naturaleza humana y genética la que nos hace diferentes en cuanto a los talentos. Ahí está el quid de la cuestión, poner los talentos, el que tiene más al servicio del que tiene menos, compartirlos. Servir.

Un buen ejemplo lo tenemos en Zaqueo. Otro que no se buscaba a sí mismo. No parece que tuviera remordimientos ni buscara justificación a su vida. Pero que era inquieto, curioso y avispado, nadie lo pone en duda.

Jesús ordena a Zaqueo bajar del árbol y que le invite a su casa

Zaqueo, era jefe de recaudadores de impuestos. Por consiguiente, no era un recaudador más como podía ser Mateo. Así que, si los recaudadores hacían lo que podían, cuanto mas no haría un jefe oficial, bueno, nos lo imaginamos, tanto recaudado para Roma, tanto para mí…parece que esa era la costumbre.

Es de imaginar que era un hombre que iba por libre en sus negocios. Eso sí, tonto no era. Por eso le llamaba la atención aquel predicador. A ver si puedo aprender algo de él.

A mi parecer no existe una curiosidad por nada. La curiosidad siempre esconde algo.

Parece que en su curiosidad había una actitud positiva.  Tampoco se puede decir que fuera buscando el seguirle, ni nada en concreto de él. Lo que si le llamaba era la atención. Pues qué iba a necesitar de aquel pobre predicador de caminos…que, por no tener, no tenía ni sitio para dormir.

Todo lleva a pensar que para Zaqueo, aquel no era un predicador de feria ni un iluminado más…esto también nos hace pensar que un hombre de su estatus social, no estuviera para perder el tiempo en fantasías ni en sermones de iluminados…

Lo que importa es que Zaqueo se deja encontrar, no pone resistencia. Seguro que ni el mismo se cree lo de que Jesús se quiere hospedar en su casa…más que hacer preguntas se adelanta en la respuesta.

En aquella auto invitación del Maestro descubre el mensaje y se descubre a si mismo. A partir de ese momento la entrega y donación de Zaqueo es total, todo lo mío es tuyo en aquellos que he defraudado… además con intereses.

“Zaqueo de pie dijo al Señor:
Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más.”

Es imposible encontrarse y descubrir a Jesús; y no encontrarlo y descubrirlo en los pobres. Si esto no es así, nuestro encuentro con Jesús el Maestro, el Salvador, el Dios con nosotros, no es autentico.

La pedagogía de Jesús no falla, a los pobres siempre los tendréis con vosotros, pero si antes no os convertís de corazón de nada vale.

Una vez que se da la conversión en nosotros, nuestra mirada y nuestro actuar siempre van a ser la mirada y actuar de Jesús.

Jesús no le pide a Zaqueo otra cosa que hospedarse en su casa. Una vez le abre, admirado, y no cabiendo en sí de contento, ya sobran las palabras…

El Papa Francisco, con motivo del día mundial de los Pobres, termina así su homilía:

“Amados por Él, decidámonos a amar a los hijos más descartados. El Señor está allí.

Papa Francisco

Hay una vieja tradición, también en los pueblecitos de Italia, en la cena de Navidad, dejar un puesto vacío para el Señor que ciertamente llamará a la puerta en la persona de un pobre que tiene necesidad.

¿Y tu corazón? ¿Tiene siempre un puesto libre para esta gente?

¿Mi corazón, tiene un puesto libre para esta gente?

¿O estamos demasiado ocupados con los amigos, con los eventos sociales, con las obligaciones para tener un puesto libre para esta gente?

Cuidemos de los pobres, en quienes está Cristo, que se hizo pobre por nosotros (cf. 2 Co 8,9).

Él se identifica con el pobre. Sintámonos comprometidos para que no se pierda ni un cabello de sus cabezas.

No podemos quedarnos, como aquellos de los que habla el Evangelio, admirando las hermosas piedras del templo, sin reconocer el verdadero templo de Dios, que es el ser humano, el hombre y la mujer, especialmente el pobre, en cuyo rostro, en cuya historia, en cuyas heridas está Jesús.

Él lo dijo. Nunca lo olvidemos.”

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